17. abr., 2016

Crítica

Kiki no es una comedia romántica al uso. Original y divertida, cuenta con poca vergüenza y mucho desparpajo las peripecias más íntimas de cinco parejas que, por diversas razones, no consiguen disfrutar plenamente de su vida sexual. Cinco personajes, cinco parafilias y cinco maneras diferentes de reaccionar ante ellas.

Como bien se señala en la película “Madrid parece muy moderno, pero…”. El sexo sigue siendo un tema tabú y Paco León encuentra la manera de reflejarlo a través de los gustos sexuales de los distintos personajes, que al no verse capaces de confesarlos ni renunciar a ellos, generan situaciones hilarantes que, eso sí, pueden hacer sentirse incomodo a más de un espectador. La película destaca sobre todo por la originalidad del tema, la luminosidad de sus planos y la frescura que se desprende del ambiente veraniego de Madrid (si, frescura y verano madrileño, no es un error).

El reparto, acertadísimo. Actrices como Candela Peña, Alexandra Jiménez y Belén Cuesta bordan su papel con mucha gracia, sin exagerar sus “rarezas” ni resultar sobreactuadas. El hecho de que los personajes compartan el nombre de los actores que los interpretan aporta credibilidad y hace que el espectador se meta más en sus historias. También, el que las cinco parejas representen grupos de edad y estamentos sociales distintos, hace que cualquier espectador pueda conectar más fácilmente con alguna de ellas y de esta manera reír más fácilmente con sus desastres y ridículos.

En conclusión, una divertida y original comedia no recomendable para niños y que exigirá del espectador una mente abierta y dispuesta a destapar tabúes.

(GJBZ)