17. may., 2016

Crítica

Causa un poco de estupor la vigilancia a la que estamos sometidos todos en nuestras casas desde satélites, drones y otros artefactos. Pero no sé de qué me sorprendo si puedo ver mi casa con todo detalle fácilmente desde Google Maps.

En este caso se trata del ataque por parte de los británicos a la casa de un musulmán en una casa perdida, que recuerda la  del ataque que se llevó a Bin Laden por delante. La película pone de manifiesto las contradicciones entre los políticos de turno, que tienen miedo a la repercusión mediática de un ataque y los militares que se encargan de ejecutar la acción. También llama la atención que los soldados que tienen que dar el último toque para la ejecución de la acción tienen reservas humanitarias!

El concepto básico que subyace es el de daños colaterales. No todo va a ser una alegoría del militarismo frente a los musulmanes del estado islámico. También se quiere proteger la vida de una niña que está en el área de ataque. En una referencia quizá a la guerra del golfo y a las armas masivas que nunca aparecieron, los políticos establecen unos determinados porcentajes máximos de daños colaterales y el militar de turno se encarga de que se cumplan formalmente.

(GJB)