13. jun., 2016

Critica

El director francés, Desplechin, heredero de la Nouvelle Vague, en su última película Tres recuerdos de mi juventud,  narra  en tres capítulos, la infancia y adolescencia de Paul Dedalus, interpretado por Mathieu Amalric, quien, a partir de una situación policial en un aeropuerto cuando está regresando a Francia, debe contar su historia, o parte de ella, ante el oficial que le interroga. Antes de eso le veremos de pequeño, ya demostrando la fuerte personalidad e inquietante ansiedad que el personaje tendrá a lo largo de toda su vida. Un segundo episodio le mostrará metiéndose en problemas en la Unión Soviética en un viaje escolar que le llevó a actuar de espía adolescente, con inesperados contratiempos que le siguen marcando hasta hoy y que son el motivo de su detención policial. Pero lo que más le marca, sin duda,siendo sin duda el núcleo del resto del relato, es su relación con Esther (Lou Roy-Lecollinet), una chica muy seductora y popular de 16 años con la que empieza una relación gracias a la elocuencia y al ingenio del chico, condiciones que logran que por primera vez la bella chica en cuestión se involucre con alguien más o menos seriamente. La relación será intensa, con muchos altibajos, complicada además por sus largas y numerosas separaciones (él en París, donde estudia en la universidad, mientras ella sigue en el colegio de su pueblo natal). Hay otros elementos en juego que se descubrirá viendo la película, especialmente por lo inesperados que resultan. Es una suerte de autobiografía narrada como un viaje de la adolescencia a la madurez. Eso sí de una manera muy al estilo del cine francés. Un film nostálgico, narrado con largos flasbacks y con encanto.

(JLC)

 

Bajo una apariencia de una situación de detención por espionaje de un antropólogo francés cuando regresa a Francias desde un país de la antigua Rusia (Tayiquistán),  la película relata el porqué de esta circunstancia, mezclando la compleja personalidad del protagonista y a la vez una historia de amor profunda y difícil.

Para situar y centrar al espectador, la película retrocede en el tiempo, desde la situación actual, a tres períodos de la vida del protagonista : Paul Dedaluc, con fotografía, en muchos casos, con efecto istagram

1.-La niñez, donde el ambiente familiar, con una madre inestable y un padre acobardado por la situación familiar y laboral, marca la personalidad de Paul:  carácter insensible, pacífico, responsable y con afán de complacer a su estrecho núcleo social para no ser rechazado y ser reconocido.

2.-La adolescencia donde de manera natural y casi inconsciente, en el que, con tal de ser reconocido por su estrecho núcleo de amistad y sin pedir nada a cambio, arriesga su vida, haciendo un favor a un desconocido, en un viaje con un amigo a Minsk (capital de una república soviética en esos años) . Este favor le marcará el resto de su vida.

3.-La juventud donde se mezcla el ambiente liberal de los 70´s en Francia (amigos, compañera y ambiente que le rodea) con el estado personal y familiar de Paul, sin recursos económicos, donde trata compaginar su amor por Esther, con su gran vocación de estudiante y de sentido de la responsabilidad hacia el estudio para obtener la graduación y doctorado en antropología.

Ya es en la madurez, y en su vuelta a su país de origen es donde se produce un desenlace de liberación del protagonista, cuando tras aclarar la extraña situación que le conduce a esa apariencia de espía, se reencuentra con alguno de sus amigos de su juventud.

Película redonda.

(JCC)