8. sep., 2016

Crítica

Anna (Juliette Binoche), llena la pantalla. Su imagen, su expresividad es suficiente. Sobran las palabras

Una casona en Sicilia, Anna y una iluminación que recuerda a obras de Tiziano o Caravaggio componen cuadros que no te cansas de ver.

Un encuentro inesperado entre Anna y Jeanne -que no se conocen-, novia de Giuseppe, hijo de Anna, y que había sido invitada a pasar unos días en la casa de su madre, crea una atmósfera de lo más intimista y profunda de lo que cualquiera podría esperar.

Muy bien llevado en la película las reacciones de las dos mujeres; de cómo tratan de madurar, alargar y congelar una relación y complicidad , sabiendo que el paso del tiempo es inexorable y los acontecimientos, no tienen marcha atrás.

JCC.