25. sep., 2016

Crítica

 

Ben (Viggo Mortensen), vive en mitad del bosque con sus seis hijos. Les enseña desde pequeños a sobrevivir individualmente en plena naturaleza. Estudian idiomas (incluido esperanto), música, ciencia, leen literatura clásica y mantienen un altísimo nivel de entrenamiento físico.

 

Iniciaron esta forma de vida buscando la plena integración con la naturaleza, sin ninguna influencia ni interferencia del “mundo civilizado” y también como medio para superar una grave afección psíquica que aqueja a Leslie (mujer de Ben) y madre de los niños. Leslie ha tenido que marcharse a la ciudad para recibir tratamiento médico y, tras unos meses de su ausencia en el bosque, la familia recibe la noticia de que se ha suicidado.

 

A partir de aquí, Ben y sus seis hijos emprenden un largo viaje para dar el último adiós a Leslie e incinerarla, según el rito budista. Entre otras cosas, Ben ha enseñado a sus hijos que ninguna religión “organizada” es fiable. Con este motivo, la familia pasa unos días en la ciudad, con el consiguiente choque cultural y social que ello supone para los niños.

 

Se encontrarán con la rotunda oposición del padre de Leslie, quien quiere dar a su única hija un entierro católico convencional. Aprovecha también el suegro de Ben para intentar retener a sus seis nietos y alojarlos en su casa.

 

Al final, todos vuelven al bosque a continuar su vida con su padre, salvo el hijo mayor que ha sido admitido en las mejores universidades norteamericanas. Reanudan por tanto su vida anterior, pero haciéndolo de una forma menos radical, instalándose en una vivienda convencional, dotada con unas mínimas comodidades del “mundo civilizado”.

 

Original e interesante historia de Matt Ross (Director y Guionista), con una magnífica interpretación de Viggo Mortensen. Siempre atractivo para el espectador el argumento de la integración del ser humano con la naturaleza, que Matt Ross resuelve de una forma muy estética y amena, salpicada con buenos golpes de humor.

 

El protagonista consigue una “sobreculturización” y un “sobreentrenamiento” físico de sus hijos, en el convencimiento de que ello les servirá para superar cualquier reto que la vida pueda depararles, aunque como dice el hijo mayor: “Yo no sé nada de la vida, más allá de lo que he leído en los libros”.

 

Recomendable para los amantes de la naturaleza y de las utopías y, por supuesto, para pasar un buen rato.

(IP)