7. oct., 2016

Crítica


> Basada en la segundo libro (Vientos de Cuaresma) de una serie de novelas escritas por Leonardo Padura, donde un detective de nombre Mario Conde -interpretado por Jorge Perugorría- intenta descubrir quien es el culpable y las razones e historia que envuelve a la muerte violenta de una profesora de un instituto en La Habana donde él estudio de joven; mientras... trata de darle sentido a su vida con una mujer que aparece de la noche a la mañana y que le vuelve, literalmente, loco.

> Conde es el típico policía-detective de película: atormentado, con olfato desmedido, ve lo que nadie es capaz de ver, amigo de sus amigos, bebedor, duro y a la vez más tierno que el día de la madre, con un montón de contradicciones; vamos, que no le falta de nada.

> Lo mejor de la película es como se muestra la amistad en su estado puro. Amistad que hay entre viejos conocidos de Conde que se reúnen para comer todos los días en una mesa servida por una mujer que hace, de forma inexplicable -porque no hay ingredientes en la Habana decadente que se presenta-, unos platos apetitosos y que día a día se chupan los dedos porque se supera día a día.

(JCC)