24. oct., 2016

Crítica

Basada en la novela homónima de M. L. Stedman, la película de Derek Cianfrance cuenta la historia de una joven pareja de australianos, formada por Tom e Isabel, quienes, al término de la Primera Guerra Mundial, que ha afectado profundamente la vida de ambos, se trasladan a una isla remota, donde él trabaja de farero.

Tras varios intentos fallidos de tener hijos, un día encuentran en la playa un bote con un hombre muerto y un bebé. Analizado con un poco de frialdad, es un argumento que podríamos encontrar en una novela rosa, ya que, aunque posible, es sin duda poco verosímil. Pero allí donde la novela rosa terminaría, comienza esta historia en la que interesan, sobre todo, asuntos tan graves como la repercusión moral de las decisiones humanas, las consecuencias de nuestros actos, la posibilidad de redención o el mal que involuntariamente podemos causarnos unos a otros.

Por lo que leo, la crítica ha acogido esta obra con cierta frialdad en el mejor de los casos. En efecto, en ciertos momentos hay ella un exceso de sentimentalismo y un tratamiento folletinesco de la historia, por otra parte bastante difícil de evitar cuando se trata de narrar con imágenes. Está rodada en ambientes naturales de gran belleza.

Lo que a mi juicio la sostiene es el trabajo de los actores y, muy en particular, de Michael Fassbender que dota a su personaje de una gran profundidad humana, y solo por eso merece la pena verla.

 (GZA)