12. nov., 2016

Crítica

 

Ecomprometido director británico Ken Loach ha conseguido, de momento, con su última película “Yo, Daniel Blake” la Palma de Oro del Festival de Cannes, además de los premios del público en los festivales de Locarno y San Sebastián. 

Película fría, austera, sin sobreactuaciones melodramáticas, que narra la lucha del protagonista por mantener integra su dignidad, un hombre viudo, trabajador autónomo, de una cierta edad, las incidencias que sufre después de padecer un problema de salud y la consiguiente prohibición del médico a trabajar. La Administración le obstaculiza su pleno derecho al subsidio por incapacidad y le obliga a buscar empleo bajo la amenaza de sanción económica. En su peregrinaje a través de las distintas instituciones burocráticas, conoce a una mujer joven, con dos hijos, en una situación social y económica aún peor que la suya y a la que, este buen hombre,ayuda en todo de lo que es capaz.

El tema de fondo es una crítica al absurdo funcionamiento de los organismos públicos del Reino Unido con sus actuales políticas de recortes sociales lo que está ocasionando que en lugar de ayudar a la reinserción social de los ciudadanos más desfavorecidos (parados, incapacitados, pobres, etc…) estos acaben arrinconados y abandonados tras una intrincada red de supuestos programas oficiales, en este caso en la sociedad británica pero extrapolable a otras democracias europeas.

JLC