18. mar., 2017

Crítica

Doña Clara (Aquarius, en su idioma original) es un largometraje del director brasileño Kleber Mendonça Filho, que si bien tiene una duración de 140 minutos, no cansa. 

Narra la historia de Clara (magníficamente interpretada por la veterana actriz Sonia Braga) como una crítica de música de cierta edad, 65 años y que vive en "Aquarius", un elegante pero ya algo decadente edificio de apartamentos de 1940 en la ciudad costera de Recife, donde crio a sus tres hijos, ahora ya mayores y cuya vivienda es objeto de deseo de una importante constructora para derribarlo y construir un rascacielos.

Clara es la única, junto a su criada, que continúan viviendo en este edificio pues la constructora ha echado a los demás. Nos muestra como la constructora inicia un acoso in crescendo, utilizando diversas artimañas cada vez más maliciosas para conseguir su desalojo, y como ella lucha para evitarlo. Este es el argumento básico pero en realidad sirve al director como vehículo para mostrarnos la problemática actual de la sociedad brasileña, con sus defectos (corrupción, amiguismo, clasismo y racismo) y con sus virtudes (solidaridad, fuertes relaciones familiares, bondad,…). 

Nos muestra a Clara como una mujer luchadora (sobrevive a un cáncer de mama cuya cirugía la acompleja), orgullosa y digna, muy sensual y a la vez atormentada por la falta de sexo. Un Brasil donde conviven los ricos y los pobres, los edificios lujosos junto a los barracones de las favelas. A destacar la relación que mantiene con su criada. Quién conozca algo de Brasil lo verá perfectamente reflejado. Hay una frase en la película crucial. Clara dice a sus amigas “explotamos a los criados y ellos de vez en cuando nos roban”, ese es el equilibrio.

JLC

 

Doña Clara es una mujer independientesosegada, con una filosofía muy particular, interesante, sorprendente, liberal.

Bajo la excusa de un ataque de tiburones inmobiliarios que intentan a golpe de talonario hacerse con fincas para “remozarlas” y forrarse, la trama de la película narra un trozo de vida de Clara (Sonia Braga) en su madurez.

Viuda, mujer de valores arraigados: su familia, con una relación muy real en la que parece llevarse mejor con sus sobrinos que con sus hijos; mujer independiente y de profundas convicciones por las que lucha de forma tranquila y muy educada, sin dar su brazo a torcer. Perfectamente ubicada, entre un entorno de buena posición social y económica, y un ambiente de clase trabajadora, siendo en todo momento consciente de donde está y de lo que da de sí la vida. Entre un ambiente pasado y actual, donde se aprecia el carácter y la fuerte personalidad de Clara. Dándole el valor a cosas en su justa medida: el papel: en papel, la música: música, las fotos: con fotos, la justicia: con justicia, la familia: en la familia, la fidelidad: con todos y con todo, el valor de las cosas: en el valor de las cosas. Sin ñoñerías.

Sonia Braga interpreta a “Dona Clara” perfectamente. Destaca una música bien colocada, en su justa medida. La bahía en Recife, donde sólo con las vistas aéreas de ese maravilloso enclave con mezcla de “pijismo” y de “casas bajas”, se entiende perfectamente el tema principal de la película. Y, por último, la belleza y elegancia de la madura Clara

JCC