6. may., 2017

Crítica

Un año más, una película más y ya van 8. 

Fast and Furious no decepciona. A estas Alturas todo el mundo sabe lo que hay. Ellos saben lo que venden y su público les da la razón, como demuestran los resultados cosechados en taquilla. 

Vin Diesel y su familia se enfrentan esta vez a su peor pesadilla: la traición. En esta película vuelven a servir el coctel que tanto éxito les dio en anteriores entregas sumando un nuevo personaje a la mezcla: la villana Charlize Theron. Entremedias, música latina, chicas, retos y por supuesto coches y mucha, mucha acción. Como en la anterior película, no falta el homenaje al fallecido Paul Walker.

Algo que gustará tanto a los fans como disgustará a sus críticos es el paso extra que dan en cada película. Cuando crees que han llegado al límite, que no existe nada que no les hayas visto hacer con los coches (saltar de un avión, atravesar edificios, …) te vuelven a sorprender. La realidad no es una máxima en estas películas ni falta que les hace. 

Al elenco habitual de mazados del cine (Vin, The Rock, …) se vuelve a sumar Jason Staham. Hay muchas referencias a películas anteriores, pero no son imprescindibles para poder disfrutar esta. Aunque sinceramente me sorprendería que alguien decidiera empezar por esta. Después de ocho entregas los bloques están más que definidos. Quien haya visto las anteriores querrá ir a ver está y quien no haya visto ninguna, se preguntará como puede ser una de las más vistas.

Al final el éxito es encontrar tu público.

GJBZ