21. nov., 2017

Crítica

 

Relata con una delicadeza “británica” las envidias, las respuestas sin preguntas, el caciquismo, los dimes y diretes, los porque sí o porque no, de un espacio rural en un pueblo de Inglaterra a finales de los años 50´s.

 

La trama va sobre el deseo de una persona de establecerse en un pueblo para poner una librería. Sin más. Y la pone, y la abre. 

 

La primera mitad de la película, recuerda bastante a las realizadas últimamente por Woody Allen, el ambiente muy cuidado, buena elección de la música y un actoreo perfecto con unas conversaciones muy teatrales.

 

El tema podría haberse desarrollado en cualquier otro sitio lugar del mundo, pero el hecho de estar situada en ese lugar (Inglaterrea) y en ese tiempo, hace que disfrutes de los comportamientos, las miradas, las conversaciones, en definitiva, de la flema inglesa. Esta flema inglesa, está perfectamente representada: todo el mundo permanece impasible, sin inmutarse ante sucesos positivos o negativos; eso sí, cada uno a lo suyo de forma muy “educada”.

 

Es una película con muchos sentimientos: de ayuda, de admiración, de amor, de esperanza y de sufrimiento y doblegación.

 

La protagonista, Emily Mortymer hace el papel con mucha dignidad, el veterano Bill Nighy borda su papel, Patricia Clarkson lo hace tan bien, que llegas a odiarla de verdad y la niña (no se su nombre), trabaja como quiere, si sigue así será una actriz 10.

 

Recomiendo fuertemente verla en versión original. Si no se sabe nada de inglés, disfrutas de las conversaciones. Si sabes algo, disfrutas mucho más, y sabes mucho, debe ser tremendo.

 

Buena película, se disfruta. 

 

JCC