El hilo invisible

10. feb., 2018

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10. feb., 2018
10. feb., 2018

“El hilo invisible”, última película del director estadounidense Paul Thomas Anderson estrenada en nuestras salas de cine desde el pasado 2 de febrero. A destacar las magistrales interpretaciones de sus tres protagonistas. En primer lugar, el impecable trabajo del actor británico-irlandés Daniel Day Lewis, que parece será la última interpretación de su carrera, en el papel de Reynolds Woodcock, reconocido modisto inglés de los años 50 (inspirado en la vida del diseñador de moda Balenciaga). Su enamorada, Alma, interpretada por la joven actriz luxemburguesa Vicky Krieps, y la excelente actriz inglesa Lesley Manvillecomo hermana de Reynolds. 

La película nos cuenta la tortuosa historia de amor entre el reconocido diseñador, un hombre de mundo pero que vive cerrado emocionalmente a todo lo que no sea su trabajo, que es un déspota que abusa de su poder en su relación con los demás y que no permite la más mínima desviación de su estructurada vida, hasta que conoce a Alma, una joven en apariencia sumisa,pero con una inquebrantable idea de lo que debe ser una relación de pareja yque poco a poco va usurpando el papel de su engreído enamorado hasta que consigue fagocitarloPasa de mujer florero a mujer “mantis religiosa” ya que, igual que ellas, devora al macho que se entrega placentero a su fin. Va marcando, lentamente, su territorio hasta que consigue dejar de ser la débil y sumisa para convertirse en la dominante sin importarla utilizar las argucias y artimañas necesarias para conseguirlo. Es la historia de una relación de amor tóxica que encuentra así su equilibrio. Ya lo dice el dicho, en el en el amor y la guerra todo vale, y que el amor sufrido es el más querido.

El guion mantiene el interés desde el principio. La fotografía preciosista y de gran sensibilidad con magníficos primeros planos que nos sumergen dentro del fabuloso cine intimista. 

 

JLC

 

Es un gozo ver, quizás por última vez, a Daniel Day-Lewis. La minuciosidad con la que está filmada esta película, junto a la perfección de este actor hace que se disfrute viéndola.

 

La historia no es más que la vida de un modista (Daniel Day-Lewis que da vida a Reynolds Woodstock) que diseña y cose para gente adinerada, que parece disfrutar de la rutina, del silencio, del trabajo, de las esperas, de ser dirigido, dirigido, pero no por cualquiera ni para hacer cualquier cosa, sólo por quien él acepta ser dominado y para hacer lo que viene haciendo.

 

La película es de interiores. Parece estar rodada en un palacete atelier impoluto y es Reynolds Woodcock el rey del palacete, donde convive con su hermana (que es la reina, la que manda) y en el más allá la reina madre (que debió mandar lo suyo) y le tienen al pobre y atractivo Reynolds más allá que para acá. Y aparece Vicki Krieps (Alma en la película), una persona que no siendo normal, trata de buscar su hueco en esa familia tan pequeña y peculiar, y se lía.

 

Para contar la trama de este modista que sufre un trastorno TOC asociado a una seria misofonía donde sus complejos y dependencias le llevan hacia unos vericuetos de lo más enfermizo que te puedas imaginar de una relación, utiliza el director (Paul Thomas Anderson) unas secuencias tratadas a la perfección; de las que destacaría: Alguna secuencia donde alguna cliente se está probando el vestido y las costureras y el modista están a su alrededor mirando, midiendo, comentando. Alguna secuencia en la que Reynolds se está acicalando para comenzar el día (la ceremonia del aseo, peinado, vestido, etc.). Cuando Alma se pierde en una fiesta y él trata de “rescatarla” en ese mundo ruidoso y movido –mundo real-. En más de una comida o desayuno o sobremesa, genial. Cuando las modistas extienden las organzas y los encajes para cortar y coser. Hay más. TODAS son una maravilla, muchas inconexas pero que en su conjunto definen a los personajes y dan forma a la historia a la perfección.

 

JCC

 

10. feb., 2018