26. mar., 2018

Crítica

“Capullo de mierda(*), dicho por una persona a otra, es el detonante que desencadena en esta película un conflicto que crece como una bola de nieve y pasa de ser un mero exabrupto, a convertirse en un casi movimiento social donde la gente va sumándose a las manifestaciones y algaradas que se producen y, ya de paso, intentar solucionar heridas ya cerradas, abiertase incluso inexistentes.

 

La trama se desarrolla en Beirut, en un barrio normal donde un profesional con bastante sentido común –musulmán palestino-, por un suceso sin consecuencias aparentes, choca de pleno con un individuo de pocas palabras -cristiano libanés-. Es en ese choque de crestas cuando uno a otro le llama como empieza esta crítica.

 

La particularidad de la película es lo bien llevada que está, la esencia personal de estos hombres: honrados, honorables y muy testarudos e intolerantes y, por otro lado, cómo se va liando cuando todo el mundo trata de aprovechar este conflicto para, digamos salir en la foto”: abogados, sindicatos, turbamultas en las calles, reabridores de heridas, violencia casi a nivel nacional…, etc.

 

Buen trabajo de los dos protagonistas “principales” (Kamel El Basha –Tony- y Brant Daugherty –Yasser-) y sus esposas (Rita Hayek y Christine Choueiri) y la del abogado de uno de ellos (Carlos Chaineque tiene alguna escena para recordar.

 

Como casi todas las historias, esta podía haber sido perfectamente ajustada a cualquier situación: futbol, partidos políticos, catalán-no catalán, franquista-antifranquista. Es una lástima, pero la condición humana es así.

 

Mejor la primera parte de la película, que la segunda.  

 

Recomendable y más en estos tiempos.

 

JCC

 

(*) yo hubiera subtitulado “capullo de mierda” por “gilipollas”. Más español.